Yo también era de las de «no puedo»
Lo que el Yoga Iyengar me enseñó sobre el miedo, los límites y la confianza en mi cuerpo
Te confieso un secreto: yo era de las de “no puedo”.
“No soy suficientemente flexible”.
“No tengo fuerza”.
“Eso no es para mí”.
“Me da miedo”.
Y entonces encontré el Yoga Iyengar.
No hizo desaparecer mágicamente mis limitaciones ni convirtió en fácil aquello que me costaba. Pero me enseñó algo mucho más valioso: para cada uno de aquellos “no puedo” había un camino que podía explorar.
Y eso cambió mi manera de practicar. Y, en cierta forma, también mi manera de enfrentarme a muchas otras cosas.
¿Realmente no puedes?
A veces decimos “no puedo” cuando en realidad queremos decir:
“Me da miedo”.
“No sé cómo hacerlo”.
“Todavía no tengo suficiente fuerza”.
“Mi cuerpo tiene una limitación”.
“No confío en mí”.
Y no es lo mismo.
Reconocer nuestras limitaciones es importante. Nuestro cuerpo tiene una historia, unas circunstancias y unas necesidades que debemos respetar. Pero respetar una limitación no significa necesariamente resignarnos a ella.
A veces necesitamos tiempo. Otras, fortalecer una parte del cuerpo, recuperar movilidad, utilizar un soporte, probar una variante o simplemente encontrar a alguien que nos muestre otro camino.
Ahí descubrí uno de los aspectos del método Iyengar que más me fascinan.
Cuando existe otro camino
B.K.S. Iyengar desarrolló una manera de enseñar yoga en la que la precisión, los soportes, las variantes y la progresión permiten acercar las posturas a personas con cuerpos, capacidades y circunstancias muy diferentes.
No se trata de obligar al cuerpo a llegar a una postura.
Se trata de buscar la manera de trabajar para que la postura pueda enseñarnos algo.
Y esto lo veo constantemente como profesora.
Recuerdo, por ejemplo, a Esther.
Le costaba mucho estirar los brazos debido a una antigua lesión. Sentía que no tenía suficiente fuerza y, además, le daba muchísimo miedo ponerse cabeza abajo.
No quería intentarlo.
No confiaba en tener la fuerza ni el control necesarios.
Hasta que, poco a poco, encontramos el camino.
Ardha Adho Mukha Vrksasana: mucho más que sostenerse sobre las manos
Una de las posturas que utilizamos para recorrer ese camino es Ardha Adho Mukha Vrksasana, el medio equilibrio sobre las manos.
Es una de mis posturas favoritas, tanto para practicar como para enseñar.
Nos prepara física y mentalmente para Adho Mukha Vrksasana, el equilibrio completo sobre las manos, pero su verdadero interés no está únicamente en conseguir algún día la postura final.
Mientras practicamos fortalecemos brazos, hombros y tronco superior. Trabajamos también las piernas, la estabilidad de la pelvis y la coordinación de todo el cuerpo.
Pero hay otra parte que no se ve.
Trabajamos la confianza.
Porque puedes tener más fuerza de la que crees y, sin embargo, no confiar todavía en ella.
Y ponerse boca abajo lo deja bastante claro.

El miedo también puede formar parte de la práctica
Ponernos del revés nos saca de un lugar conocido.
Puede aparecer el miedo a caer, a perder el control, a hacernos daño o simplemente esa voz que rápidamente sentencia:
“Yo no puedo hacer eso”.
Lo sé bien porque yo también la he escuchado.
Y quizá por eso disfruto tanto enseñando estas posturas.
El objetivo no es eliminar el miedo ni lanzarnos sin pensar. Tampoco demostrar nada a nadie.
Podemos observar ese miedo, entender qué necesitamos y avanzar con inteligencia: una pared, un soporte, una variante, unas manos que nos acompañen, más fuerza, más tiempo…
No todos necesitamos recorrer el mismo camino ni hacerlo a la misma velocidad.
Superarse no significa exigirse más
Hay una diferencia importante entre superación y exigencia.
Superarnos no significa pelear contra nuestro cuerpo, ignorar sus señales o conseguir una postura a cualquier precio.
A veces superarse significa simplemente atreverse a probar aquello que ayer ni siquiera queríamos intentar.
Por eso, cuando una alumna consigue hacer algo que le daba miedo, mi “¡bravo!” no tiene que ver con la dificultad de la postura, con su edad ni con hasta dónde ha llegado.
Tiene que ver con todo el camino que ha recorrido para llegar hasta allí.
Con haber desarrollado fuerza.
Con haber aprendido.
Con haber tenido paciencia.
Y, sobre todo, con haber empezado a confiar.
De alumna en Holanda a profesora de yoga iyengar en Las Palmas
Como alumna siento una enorme gratitud hacia las enseñanzas de B.K.S. Iyengar y a todos aquellos profesores de Holanda que me ayudaron a superar mis «no puedo». Su manera de entender y transmitir el yoga me ha ayudado a enfrentar muchas de las limitaciones y miedos que han ido apareciendo a lo largo de mi vida.
Después de muchos años en los Paises Bajos quise regresar a mi ciudad natal y desde entonces imparto clases de yoga iyengar en Las Palmas. Como profesora me siento afortunada de poder hacer ahora lo mismo por otras personas: acompañar, observar y facilitar caminos.
No prometerles que será rápido o fácil.
Sino ayudarles a descubrir qué necesitan para avanzar desde el lugar en el que están.
Porque sí, cuesta.
Hace falta práctica, paciencia y esfuerzo.
Pero muchas veces, detrás de aquel enorme “no puedo”, descubrimos algo diferente:
“Todavía no puedo”.
Después:
“Quizá pueda”.
Y un día, casi sin darnos cuenta:
“¡Puedo!”
Y entonces, además de sentirnos fuertes y poderosas, ocurre algo maravilloso: volvemos un poquito a nuestra niñez. A experimentar, a jugar, a probar sin saber exactamente qué va a pasar.
Si resuena contigo mi manera de entender el yoga estaré encantada de asesorarte y acompañarte si así lo decides. Te esperamos en las clases de yoga iyengar en Las Palmas, en Tafira o desde tu rincón de yoga en casa a través de la plataforma online de zoom.
¡Yogarízate!

